Inaugurado en 1940, el recinto del Centro Histórico pasó de ser uno de los cines más grandes y ornamentados de la capital a un edificio cerrado y sin actividad cinematográfica

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El Palacio Chino, ubicado entre Iturbide y Bucareli, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es uno de los vestigios más visibles de una forma de sociabilidad urbana que marcó buena parte del siglo XX: los grandes cines de una sola sala, concebidos no sólo como espacios de exhibición, sino como edificios de representación pública.

Abrió sus puertas el 29 de marzo de 1940 en un predio que antes había funcionado como Frontón Nacional y después como la Arena Nacional, es decir, fu un espacio ligado a espectáculos deportivos y a los primeros años de la lucha libre en México. Tras un incendio ocurrido en 1937, el terreno cambió de destino y fue adquirido por el empresario Luis Castro, dueño de salas como Mundial, Lux y Royal, quien impulsó la construcción de un cine monumental.

El proyecto respondió a una época en la que la Ciudad de México levantaba grandes salas cinematográficas para miles de asistentes, el aforo era de 4 mil butacas, una escala que lo colocaba entre los recintos de mayor capacidad de la ciudad.

Su ubicación también era parte de su atractivo. El cine quedaba cerca de la Alameda, de Paseo de la Reforma y del Barrio Chino de Dolores, una zona de tránsito intenso, comercios, hoteles, restaurantes y salas de espectáculo. En ese contexto, el nombre no fue sólo una marca, también aludía a la decoración orientalizante del edificio y a su cercanía con ese corredor urbano.

La primera función fue Luna de miel, del director británico Alexander Korda. La prensa de la época registró que Charles Chaplin y Gary Cooper enviaron felicitaciones por telegrama para la inauguración, y que el boleto costaba cuatro pesos. En la cartelera de aquellos primeros años también aparecieron títulos internacionales como Vuelve el hombre invisible, con Vincent Price, y Mujer o demonio, con Marlene Dietrich.

Era considerado un cine de lujo por su escala, sus servicios y su escenografía. La sala tenía alfombras, butacas acojinadas, pantalla panorámica y, más tarde, sonido CinemaScope. La decoración incluía pagodas, budas, dragones, lámparas, murales y referencias a templos orientales. Algunas fuentes atribuyen el edificio a Luis de la Mora y Alfredo Olagaray, con murales y decoraciones de Juan Campos y Humberto Ramírez; otras mencionan a Manuel Fontanals en el diseño interior.

Créditos: (Especial)

Durante sus primeras décadas, el Palacio Chino funcionó como sala de estreno. Ahí se proyectaron películas mexicanas de los años 40 y 50, entre ellas Viviré otra vez, Allá en el trópico y La canción del recuerdo. La Filmoteca de la UNAM también documenta que El suavecito, de Fernando Méndez, se estrenó en 1951 en el Palacio Chino.

El auge del recinto coincidió con el momento en que ir al cine implicaba asistir a una sala única, de gran capacidad, con una programación semanal y funciones que podían reunir a miles de personas, su escala explica su tamaño, pero también su posterior transformación, cuando el modelo de exhibición comenzó a cambiar.

En los años 50, el inmueble fue adquirido por Carlos Amador, empresario cinematográfico y esposo de Marga López. Después se redujo su tamaño original y se dividió en varias salas. Con el tiempo fue conocido como Tele-cine Palacio Chino y, hacia los años 90, pasó al modelo de multicinema. En esa etapa, una de las mayores distribuidoras lo operó con 11 salas, dos de ellas habilitadas para proyección en tercera dimensión.

El cierre ocurrió en dos momentos. El complejo dejó de operar el 27 de agosto de 2016, cuandola empresa informó a sus clientes que permanecería cerrado. En 2017, comunicó que el cierre sería definitivo y señaló que, después de un periodo de revisión y negociaciones sobre el complejo, el desarrollador del inmueble decidió cambiar el uso del edificio. En el mismo reporte se consignó como antecedente la venta irregular de boletos afuera del cine durante los meses previos.

Desde entonces, el Palacio Chino permanece sin actividad cinematográfica. Reportes recientes de medios mexicanos han documentado el deterioro del inmueble y su oferta en el mercado inmobiliario, con anuncios que lo ubicaron en venta por 327 millones de pesos, pero no hay un proyecto de reapertura confirmado.

EEZ