A Enrique Inzunza ya no sólo lo alcanzaron las acusaciones desde Estados Unidos; también la presión de su propio partido. El senador de Morena, señalado por presuntos vínculos con grupos del narcotráfico, reapareció primero, en silencio, después en una mesa de mariscos, y finalmente, en redes sociales, pero en ningún momento ha dado una explicación de fondo.
La semana pasada se le vio en un restaurante de mariscos en la colonia Del Valle, en la Ciudad de México, donde lo ubicó Alfredo González, Director Editorial de este medio de comunicación. Ahí estaba con el chiapaneco José Antonio Aguilar Bodegas.
Este fin de semana también reapareció, pero en redes sociales desde su natal Badiraguato, Sinaloa. Dijo que estaba en su “terruño”, que caminaba sus veredas y escuchaba el canto de los pájaros, mientras en Morena crece la exigencia para que pida licencia; sus compañeros de bancada no están dispuestos a defender públicamente a alguien mencionado en un expediente de esa gravedad, “si no tiene nada que ocultar, que se separe del cargo y enfrente las investigaciones”, dicen.
Rubén Rocha Moya ya pidió licencia al gobierno de Sinaloa, Juan de Dios Gámez Mendívil también se apartó de la alcaldía de Culiacán; más allá de hacerlo por convicción o por presión política, entendieron que la crisis ya rebasó la defensa automática.
Otro problema para Inzunza es que su nombre no sólo está bajo la lupa de la justicia estadounidense. En México también arrastra antecedentes: cuando presidía el Tribunal de Justicia de Sinaloa en 2018, la jueza Ana Larina Aragón presentó una denuncia penal en su contra por acoso sexual, integrada en la carpeta CLN/AEDSEX/003107/2018/CI.
Tiempo después, la propia juzgadora dio a conocer que tuvo que otorgar el perdón bajo presión.
Inzunza puede seguir estirando la liga, pero la decisión ya no depende sólo de él. Si no pide licencia por voluntad propia, sus propios compañeros se encargarán de empujarlo esta misma semana.
INE: PARIDAD Y OMISIONES
La impugnación presentada por Mujeres en Plural ante el Tribunal Electoral por la integración de la Junta General Ejecutiva del INE abre un debate que ya no es sólo técnico.
El proceso sigue en curso -hay nombramientos pendientes-, por lo que aún no puede leerse como un resultado definitivo. A la par, durante la actual presidencia a cargo de Guadalupe Taddei Zavala, se alcanzó la paridad en delegaciones estatales, un dato que forma parte del contexto. Pero hay dato: en la discusión sobre paridad no se está considerando a la consejera presidenta, pese a encabezar el órgano.
La omisión no es menor, porque deja fuera a una mujer en una conversación que justamente gira en torno a la representación. El fondo es la paridad y no admite excepciones selectivas.
Nos vemos a las 8 por el 8 de TV
POR SOFÍA GARCÍA
COLABORADORA
@SOFIGARCIAMX
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