La Bahía de Loreto es uno de los sitios más hermosos del Golfo de California.
Está a unos 400 kilómetros al norte de La Paz, y en 1996 fue decretada Parque Nacional, porque en sus aguas se dan cita para aparearse, para dar a luz y para alimentar a sus crías, los seres más grandes del planeta: la majestuosa ballena azul.
Ver a estos gigantescos seres resoplar y saltar en las aguas de la Bahía de Loreto es casi una fantasía. Imagínelas viajando, emitiendo sus profundos e imperceptibles sonidos para convocar al encuentro en estas aguas mexicanas.
Estos gigantes, los más grandes que han existido, llegan a Loreto por varias razones: porque es una zona muy rica en el krill, que consumen como alimento; unos minúsculos camaroncillos que les permite a las madres recuperar energía mientras amamantan a sus crías.
Y es porque en esa zona emergen, desde el fondo, aguas riquísimas en nutrientes que disparan la cadena alimenticia. Entre ellos el krill.
El lugar es una bahía flanqueada por cinco islas; así que las aguas son calmas y facilitan la crianza de las recién nacidas, protegiéndolas de los depredadores y otros peligros del mar abierto, y también favorece la lactancia.
Una cría de ballena azul consume entre 200 y 400 litros diarios de la superleche que produce la madre, permitiéndole crecer ¡90 kilos al día!
Imagínese alguien que aumenta casi 4 kilos por hora. Esto lo logra porque la leche de la ballena azul tiene hasta 50% de su contenido en grasa.
La lactancia dura entre seis y siete meses, después de eso, la cría comienza a filtrar su propio krill.
Otra ventaja que ofrece la Bahía de Loreto es que en esos meses la temperatura es deliciosamente tibia para ellas, particularmente comparada con las aguas frías del Pacifico Norte, donde pasan otra parte del año. Esto les evita gastar energía, para mantener su temperatura corporal.
Aunque los biólogos distinguen cinco subespecies de ballena azul, todas forman parte de una misma especie, la Balaenoptera musculus. La que nace en el Golfo de California es conocida como la ballena azul del norte.
Hasta los años 60, estas ballenas eran ampliamente cazadas para usar su grasa como combustible para la iluminación y también como lubricante de maquinaria. Se consumía su carne, y los huesos y barbas se convertían en piezas para dar firmeza a utensilios como paraguas, peines, vigas, varillas, entre otros. Eso las llevó al filo de la extinción.
A excepción de las orcas que atacan a las crías, la ballena azul no tiene agresores naturales. Sólo nosotros. En esta insensatez que nos ha caracterizado a lo largo de la historia, mantenemos amenazas, provocando: la colisión con grandes embarcaciones; que queden atrapadas en redes fantasma abandonadas y ocultas en el océano; con algunas formas de turismo invasivo que las altera; contaminación acústica que altera sus rutas de navegación, y el gran cambio que hemos generado en el planeta y que está aumentando la temperatura del océano y con ello disminuyendo la cantidad de krill del que se alimentan.
MARINA ROBLES GARCÍA
SUBSECRETARIA DE BIODIVERSIDAD Y RESTAURACIÓN AMBIENTAL, DE LA SECRETARÍA DE MEDIO AMBIENTE Y RECURSOS NATURALES DEL GOBIERNO DE MÉXICO
@MROBLESG
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