Exhiben tres mil años de tradición

Una exposición en el Palacio de Iturbide reúne más de 670 piezas que muestran la evolución del trabajo del barro en México, desde la época prehispánica a la contemporánea

Palacio de Iturbide
Palacio de Iturbide(FOTOS: YARETZI ANAYA)

El Palacio de Cultura Banamex - Palacio de Iturbide ha sido transformado: a partir de hoy, exhibe en toda la extensión de su patio principal una serpenteante exposición que recorre casi tres mil años de trabajo del barro en México.

La experiencia inicia en la planta de los pies, el piso de recinto del edificio del siglo XVIII ha sido recubierto con baldosas de barro rojo que remiten al estilo rústico mexicano. La siguiente sensación se dirige a la vista: “Se trató de que la visión fuera de 180 grados, si se paran al frente de la muestra ven prácticamente toda la exposición, porque lo que más nos interesaba es que se entendieran las referencias entre una y otra de las expresiones porque estamos manejando casi tres mil años de cultura”, dijo Juan Coronel Rivera, quien junto con Ana Elena Mallet, curó “Barro y cerámica en México. Poéticas de lo utilitario”.

Se trata de la siguiente apuesta de Fomento Cultural Banamex (después del éxito de Miguel Covarrubias) para su concurrida sede de Madero 17, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La investigación ha llevado más de cuatro años e incluye la exhaustiva cantidad de 670 piezas, divididas en 24 núcleos, que incluyen unos 186 estudios, talleres y diseñadores, procedentes de al menos unas 90 colecciones, principalmente privadas.

Fotos: Yaretzi Anaya

De manera deliberada, los curadores han dejado fuera a los artistas o escultores que trabajan cerámica para privilegiar el estatus utilitario y cotidiano de las piezas expuestas: “Son piezas que tienen un servicio, desde un principio la decisión fue que íbamos a exponer las obras desde una perspectiva cultural artística y referirlas como si fueran prácticamente una derivación de la escultura y esa es una de las cosas principales. Estamos presentando las cosas fuera de su estructura étnica y científica”.

La exhibición sigue un plan cronológico, desde el barro prehispánico del Golfo de México o de las culturas que se desarrollaron en Nayarit, Jalisco o Morelos, hasta las expresiones más contemporáneas que están generando una revolución en el uso del material. “Tiene una conformación lineal, empieza con el mundo precolombino, pero lo interesante es que en ese orden lineal se van rompiendo las estructuras clásicas para ir introduciendo otras piezas para que se entienda cómo es que fue la sucesión visual de la factura de las obras y cómo éstas van teniendo una lectura entre secciones”, explicó Coronel Rivera.

Así, los usos y perfiles estéticos se difuminan, van desde representaciones zoomorfas, quizás decorativas o rituales, a vasijas qué sirven para la cocina, platos para la mesa o simplemente decorativas, jarrones, jarras pulqueras, incensarios o incluso lamparas. Pero los usos llegan al recuerdo turístico, la representación tridimensional de una escena bíblica, el recubrimiento de una pared o la creación de un biombo completo que pesa una tonelada.

Fotos: Yaretzi Anaya

La mitad de la muestra es casi de manufactura anónima y las piezas solo se identifican por su origen, es el caso de los platones de cerámica mayolica procedentes del taller que el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo, instaló en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Las cosas cambian a partir de 1921, cuando se organiza la primera exposición de arte popular, organizada por el Dr. Atl, Roberto Montenegro y Jorge Enciso, entre otros. Los nombres entonces aparacen: fabricantes como Ánfora, Loza Fina S. A. O Cerámica del Niño Perdido.

Pero también créditos personales como el de la zapoteca Teodora Blanco y sus mujeres de barro; Marcelino Vicente y sus diablos de Ocumicho; la Familia Soteno de Metepec o Candelario Medrano de Tonalá, Jalisco. Un giro estético de 360 grados, provocado en gran parte por el discurso postrevolucionario, se identifica después con la intención de ver la cerámica como arte y lenguaje artístico, ahí sobresale el trabajo del grupo Cono 10, encabezado por Alberto Díaz de Cossío.

A decir De Ana Elena Mallet, fueron productores-artistas que aprendieron a la perfección las técnicas, pero que seguían estrictamente basados en la tradición. Más tarde “empezamos a romper con la rigidez científica de la cerámica. Ya empezamos a meter otros materiales y a hablar del mundo contemporáneo”. Los nombres entonces, continúan: Gustavo Pérez, Graciela Díaz de León, Graciela Díaz de Cossío, Alicia Escobedo… hasta llegar a aquellos que “están rompiendo las reglas de la cerámica”.

Hoy, todo es diferente, las materias primas se están extinguido, el plomo ha sido eliminado del barro, o existen regiones como Guerrero que han dejado el trabajo de alfarería por la violencia, peor al mismo hay un creciente interés por crear cerámica, llevándola a límites impensables. Desgraciadamente, dice la curadora: “Todo esto está cambiando, un poco como dice Juan, no quiero parecer muy tradicionalista, pero sí hay piezas que se ven muchísimo más planas, que pierden un poco de cariño, no sabiendo escribirlas”.

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ