Tras el reciente estancamiento de las negociaciones presenciales en Islamabad, Pakistán, el gobierno de Irán ha enviado una nueva propuesta de paz a Estados Unidos a través de mediadores pakistaníes. Este movimiento busca reanudar la búsqueda de soluciones para un conflicto que mantiene al mundo expectante por sus graves consecuencias económicas y energéticas.
La guerra en Medio Oriente, que comenzó el pasado 28 de febrero con una sorpresiva ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel para frenar el programa nuclear iraní, se encuentra actualmente en una frágil pausa. Aunque sigue vigente un alto al fuego terrestre y aéreo desde el 8 de abril y fue recientemente extendido por el presidente Donald Trump, el campo de batalla se ha trasladado por completo al mar.
Por un lado, Estados Unidos mantiene un estricto bloqueo naval sobre los puertos iraníes, impidiendo a Teherán exportar más de 6,000 millones de dólares en petróleo. Como respuesta, la Guardia Revolucionaria de Irán mantiene bloqueado el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del suministro mundial de petróleo y gas. Ambos bandos han declarado haber interceptado varias embarcaciones enemigas.

Las consecuencias de esta paralización comercial han sido devastadoras para ambas partes. En Estados Unidos, el precio de la gasolina ha subido sin freno hasta alcanzar un promedio de 4.39 dólares por galón, lo que ha elevado la inflación al 3.5% y generado una fuerte presión política sobre el gobierno de Trump a pocos meses de las elecciones legislativas. Por su parte, la economía iraní está colapsando: el rial ha caído a mínimos históricos en el mercado negro y la inflación oficial roza el 54%, dejando a millones de ciudadanos sin recursos para pagar vivienda o alimentos.
¿Qué dice la nueva propuesta de Irán?
Aunque los detalles específicos del nuevo documento entregado en Islamabad se mantienen bajo estricto secreto, fuentes familiarizadas con el proceso indican que el texto intenta abordar las líneas rojas que hicieron fracasar los diálogos anteriores: el levantamiento del bloqueo naval, el futuro del programa nuclear iraní y el control territorial del Golfo Pérsico.
La propuesta anterior había sido rechazada por la administración de Trump porque Irán pedía aplazar las discusiones sobre su programa nuclear (una de las justificaciones principales para iniciar la guerra) y enfocarse únicamente en abrir las rutas marítimas. Pese al envío de este nuevo documento, que ha logrado calmar levemente a los mercados internacionales provocando una ligera caída en los precios del petróleo, la postura de la cúpula iraní sigue siendo desafiante.

El ayatolá Mojtaba Jameneí, actual líder supremo de Irán tras la muerte de su padre, Alí Jameneí, en los bombardeos de febrero, reapareció recientemente para disipar los rumores sobre su salud y fijar la postura del régimen. A través de un mensaje leído en la televisión estatal, Jameneí aseguró que la República Islámica "protegerá sus capacidades nucleares y de misiles" catalogándolas como un activo intocable de seguridad nacional.
Sobre el tema crucial del estrecho de Ormuz, el líder supremo fue tajante. Reafirmó la intención de mantener el control sobre esas vitales aguas, argumentando que una "nueva gestión" iraní hará de la región un lugar más seguro sin la intervención de potencias occidentales. En un mensaje directo a Estados Unidos y sus aliados regionales, sentenció que el único lugar al que pertenecen los extranjeros en el Golfo Pérsico es "en el fondo de sus aguas".
A pesar de esta dura retórica, otros funcionarios clave han intentado dejar la puerta abierta a la diplomacia. Gholamhossein Mohseni Ejei, jefe del poder judicial iraní, aclaró este viernes que el país "no rehúye las negociaciones" y no desea que la guerra continúe. Sin embargo, lanzó una advertencia clara para Washington: "Ciertamente no aceptamos imposiciones".
