La mujer que cambió la conversación

Primera mujer africana en dirigir la Bienal de Venecia, Koyo Kouoh transformó la conversación sobre arte contemporáneo

Melisa Moreno
Melissa Moreno / Anónimo era una mujer / Opinión El Heraldo de México
Melissa Moreno / Anónimo era una mujer / Opinión El Heraldo de México(Especial)

La muerte de Koyo Kouoh dejó una sensación extraña en la Bienal de Venecia: aunque no alcanzó a ver inaugurada la edición que imaginó, su mirada sigue presente en toda la muestra. Su propuesta apostaba por mirar más allá de los centros tradicionales del arte contemporáneo y abrir espacio a otras historias y otras formas de entender el mundo.

Nacida en Camerún en 1967 y criada entre África y Europa, Kouoh construyó una carrera distinta dentro del circuito artístico internacional. Antes de dedicarse al arte trabajó temas de migración y justicia social, algo que marcó profundamente su manera de pensar la cultura, la memoria y la identidad. En 2008 fundó RAW Material Company en Dakar, espacio que se convirtió en uno de los centros culturales más importantes del continente africano. Años después asumió la dirección del Zeitz Museum of Contemporary Art Africa. Kouoh también hizo historia al convertirse en la primera mujer africana en dirigir Venecia. Y aunque el dato es importante deja ver algo incómodo: tuvieron que pasar más de cien años para que esa institución se abriera.

Su proyecto para la Bienal, In Minor Keys, proponía una edición menos centrada en el espectáculo y más enfocada en escuchar historias que normalmente quedan fuera del centro: memorias atravesadas por colonialismo, migración, comunidad y diáspora. El texto “Kant en el jardín criollo”, publicado en Babelia, explica muy bien cómo Kouoh tomó una idea tradicional del arte occidental y la llevó hacia un territorio mucho más diverso y abierto.

Durante años, Kouoh también cuestionó la manera en que Occidente ha mirado el arte africano, muchas veces reducido al exotismo o visto desde una mirada lejana y limitada. Su trabajo proponía algo distinto: pensar África como espacio de creación contemporánea, pensamiento y producción cultural propia. Por eso, su llegada a Venecia generaba tanta expectativa. No solo por los artistas que podía elegir sino porque representaba la posibilidad de cambiar la conversación en una de las plataformas culturales más importantes del mundo. También había algo profundamente simbólico. Mientras gran parte del mundo cultural parece moverse entre velocidad, polarización y espectáculo, su propuesta insistía en detenerse, escuchar y mirar aquello que normalmente queda fuera de foco. En lugar de construir una bienal basada solo en grandes nombres o impacto mediático, apostó por conversaciones más íntimas, memorias compartidas y por artistas que trabajan desde experiencias atravesadas por migración, identidad y comunidad.

Quizá por eso su ausencia se siente tan presente dentro de esta edición. Porque más que una curadora, Koyo Kouoh representaba una manera distinta de entender el arte y el lugar desde donde se cuenta la historia.

Tal vez ese sea su legado más importante: haber demostrado que el centro del arte contemporáneo no tiene por qué estar siempre en los mismos lugares.

Por Melissa Moreno Cabrera

@melissototota

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