La Ciudad de México se hunde entre 13 y 15 metros, una situación que se agrava por la intensa extracción de agua subterránea y la naturaleza compresible de su suelo. Así lo afirmó Dora Carreón Freire, investigadora del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien destacó la relevancia histórica del fenómeno, documentado desde 1925.
En entrevista con Javier Alatorre para El Heraldo Radio, la investigadora explicó que los primeros registros de hundimiento en la ciudad datan de 1925, cuando el ingeniero Roberto Gayol y Soto, entonces director general de obras, documentó variaciones en los niveles del drenaje.
Posteriormente, Nabor Carrillo, exrector de la UNAM, dedicó su tesis doctoral a este tema, evidenciando su importancia a lo largo de 100 años. La Catedral Metropolitana es uno de los edificios que notoriamente ha demostrado este fenómeno, requiriendo años de restauración.
"Entre 13 y 15 metros de acuerdo a los registros que se llevan documentados en la catedral", señaló Carreón Freire, comparando esta magnitud con la altura de un edificio de cinco pisos.
Un ejemplo visible es el mástil en el Monumento a la Revolución, que en realidad es el ademe extruido de un antiguo pozo de extracción de agua subterránea. El problema se acentúa cuando el hundimiento ocurre de manera diferencial, es decir, más rápido en unas zonas que en otras.

La causa principal de este hundimiento es la extracción de agua subterránea.
"El principal factor disparador obviamente es la extracción de agua subterránea. Estamos sacando una cantidad, un volumen importante del subsuelo y el suelo se tiene que reacomodar a ese volumen que estamos extrayendo, que es muchísimo", afirmó la especialista.
La Ciudad de México, al haber sido un lago, posee rellenos sedimentarios de limo y arcilla, materiales altamente compresibles que se deforman significativamente al extraer el agua. Aunque en 1970 se declaró una veda de extracción en el centro de la ciudad y los pozos se migraron a las orillas, el hundimiento no cesó, ya que estos materiales finos pueden seguir deformándose por décadas.
Las tasas de hundimiento varían, alcanzando aproximadamente dos centímetros al mes en algunas zonas, lo que equivale a veinticuatro o veinticinco centímetros al año. Sin embargo, en áreas como Texcoco, donde los materiales son aún más compresibles, las tasas son considerablemente mayores.
"Hay zonas hacia la zona del lado de Texcoco en donde los materiales son muy compresibles, son materiales muy deformables en que esto puede llegar a treinta, cuarenta y hasta poco más de cuarenta centímetros por año", advirtió Carreón Freire.
Respecto al crecimiento vertical de la ciudad, la investigadora enfatizó que el desafío no es tanto la construcción de rascacielos, sino el abastecimiento de agua para la creciente población. La Ciudad de México depende en gran medida del agua subterránea, con entre 6 y 7 de cada 10vasos de agua provenientes del subsuelo.

La responsabilidad de esta situación es compartida.
"El problema es muy complejo y muy complicado y no se puede resolver con una sola acción ni desde un solo grupo social", subrayó Carreón Freire.
Las autoridades, incluyendo la Conagua y las comisiones estatales, tienen la responsabilidad de gestionar el agua de manera diferente, apostando por la limpieza, el reúso, la cosecha de agua de lluvia y la creación de bordos de almacenamiento, en lugar de solo perforar pozos más profundos.
Los ciudadanos también juegan un papel crucial al economizar el consumo, evitar el desperdicio y adoptar sistemas de aguas grises en sus domicilios.
Actualmente, la investigadora y un grupo interdisciplinario trabajan con la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México para crear una base de datos del subsuelo y realizar una valoración adecuada del riesgo por fracturamiento y hundimiento en las diferentes alcaldías. Este trabajo busca mejorar el atlas de riesgo existente y proponer medidas de mitigación más contundentes.