¿Es tiempo o es temporal?

A menos de 50 días, el balón aún no empieza a rodar, pero el balance ya se comienza a definir

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Diego-Sago-20240924.png(El Heraldo de México)

El mundial llegó ya, está a la vuelta de la esquina, la fiebre está a tope ahora que comenzó la venta del tan famoso álbum de estampas. Aunque no todo podría ser positivo, en los próximos días la realidad se encargará de evidenciar algunos aspectos que carecieron de atención oportuna.

A ello le sumamos que comenzará la entrega de las instalaciones y espacios que las distintas selecciones utilizarán para la preparación de sus encuentros en territorio nacional: el “caos mundialista”, recién empezará.

Aquellos trabajos de remodelación y “preparativos” seguirán, como si no se hubiera tenido tiempo suficiente desde aquel junio de 2018 cuando se confirmaron las sedes del mundial 2026, y aún en enero de este año, se sabía que más de una obra quedaría incompleta. Pero dejando de lado la infraestructura, lo cierto es que la sociedad, el país y la geopolítica actual han complicado las gestiones previas a este evento y hasta ahora se ha hablado de muchos temas extra-futbol.

Ya lo había mencionado anteriormente: tal parece que el mundial, el tan ansiado tercer mundial, nos quedó grande, por más activaciones y difusión que se haga a eventos relacionados con este magno torneo. Se sigue percibiendo un descontento generalizado y es que, claro, no cayó nada bien la “ayuda” que solicitó el gobierno local para “despejar la ciudad” los días que haya partidos, algo totalmente contradictorio con la esencia de los mundiales.

Aquí es cuando nuevamente se generará conversación sobre si se merecía que México albergará más encuentros o si había sedes que “merecían” aunque sea un partido; lo cierto es que una cuarta sede en México era más que merecida, pero el “merecer” no competía contra las instalaciones y facilidades que Estados Unidos si aportó.

El mundial de 2026 será el más grande de la historia y lo será hasta el 2030, cuando de tres sedes se pase a seis, pues se conmemoran los 100 años del primer mundial jugado en Uruguay.

España, Portugal, Marruecos, Argentina, Paraguay y Uruguay recibirán la justa más importante del balompié, pero mientras eso llega, lo que suceda en los próximos meses será un importante anticipo de lo que es tener un evento, separado por tantos kilómetros y donde no sólo la cooperación internacional jugará un papel sumamente relevante, sino también el panorama económico, social y político, ya que, nos guste o no, estos temas permean en el deporte.

El papel de la selección de Irán en uno de esos aspectos geopolíticos. Igualmente, la politización evidente de la FIFA.

Regresando al tema inicial, ante el incremento del número de selecciones y lo fugaz del evento, es imperante eliminar la tendencia de la “mínima inversión”, bajo el argumento de que no es necesario comprometer grandes recursos públicos ni apostar por proyectos de infraestructura que transformen la ciudad completamente.

Se ha optado por el "parche" sobre la planeación, bajo la premisa de que para un par de semanas de actividad, lo mínimo indispensable es suficiente, olvidando por completo el legado cultural que un evento de esta índole puede aportar.

Esta visión reduce el compromiso del Estado a un simple alquiler de escenario, donde se ignoran las mejoras significativas en transporte, movilidad y servicios, y algunos otros aspectos de la vida cotidiana.

¿Es tiempo de mundial o es temporal el mundial, y su impacto? Si decimos que "es tiempo", nos referimos a la oportunidad histórica de utilizar el Mundial como el catalizador definitivo para modernizar las sedes y ofertar destinos cercanos que complementen la experiencia, dejando un legado físico que permanezca tras el silbatazo final. Sin embargo, la tendencia parecería que se centra en apostar a que "es temporal".

El problema de elegir lo temporal es que, una vez que las luces se apaguen y las selecciones se marchen, el país despertará sin las grandes obras prometidas, dándose cuenta de que perdimos el "tiempo" por miedo a invertir en lo que realmente importaba y no solo en 2026 o 2030; la ambición y alcance del propio deporte hará que en el futuro se vuelva a tener más de un país sede para maximizar la rentabilidad del espectáculo.

A menos de 50 días, el balón aún no empieza a rodar, pero el balance ya se comienza a definir.

La duda queda para los torneos que vienen, en este y otros continentes: ¿Seguiremos celebrando mundiales que solo "pasan" por los países, o se le dará importancia al legado del deporte y a cada país en su calidad de anfitrión?

Te leo

Por: Diego “ALMANAQUE”

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