México avanzó durante décadas sobre rieles. El tren no solo movió mercancías y pasajeros: también acompañó algunos de los momentos más importantes de nuestra historia, desde la Revolución Mexicana hasta la integración comercial y territorial de distintas regiones del país. Durante años fue símbolo de conexión, desarrollo y crecimiento económico. Después, México dejó de mirar hacia las vías y apostó casi por completo a las carreteras y al automóvil.
Mientras México hizo esto, otras regiones del mundo entendieron que el futuro también debía construirse sobre rieles.
Hoy basta mirar hacia Europa o Asia para comprender la dimensión de esa decisión. En Alemania, por ejemplo, el sistema ferroviario de Deutsche Bahn, conocido como DB, conecta ciudades como Berlín, Frankfurt, Hamburgo o Múnich, además de enlazar distintos países europeos bajo una lógica de integración territorial y eficiencia. En Japón, el tren bala se convirtió desde hace décadas en símbolo de desarrollo tecnológico y modernidad.
En España, Francia o Alemania, millones de personas utilizan diariamente el tren porque representa una de las formas más rápidas, cómodas y eficientes de trasladarse. A diferencia de lo que durante años ocurrió en México, allá el transporte público no se asocia con rezago o falta de recursos. Incluso personas con alto poder adquisitivo utilizan trenes y sistemas colectivos de movilidad como parte de su vida cotidiana.
Por eso, el regreso del tren en México representa mucho más que nuevas obras de infraestructura. Lo que está en juego es la posibilidad de recuperar una visión nacional de conectividad, competitividad y desarrollo regional.
Hoy proyectos como el Tren Maya, el Interoceánico y el Tren Interurbano México-Toluca representan un intento por volver a colocar al sistema ferroviario como parte estratégica del desarrollo nacional. No se trata únicamente de mover pasajeros: también implican turismo, comercio, integración regional y nuevas formas de movilidad.
Sin embargo, el desafío va mucho más allá de inaugurar obras. México necesita construir un verdadero sistema ferroviario articulado, capaz de conectar regiones, ciudades y distintos medios de transporte bajo una visión de largo plazo.
La experiencia internacional demuestra que los países que apostaron por el tren no solo mejoraron sus traslados. También fortalecieron economías regionales, redujeron costos logísticos y elevaron la calidad de vida de millones de personas.
México tiene historia ferroviaria, experiencia técnica y trabajadores altamente especializados. Lo que ha faltado es continuidad en la visión.
En un momento en que el mundo discute conectividad, sostenibilidad y competitividad regional, México tiene frente a sí la oportunidad de recuperar una política ferroviaria de largo plazo. El reto no es únicamente volver a mover trenes, sino volver a pensar al país conectado sobre rieles.
POR MAYRA ESPINO SUÁREZ
EEZ