Eficiencia como política pública

Las metodologías Six Sigma y Lean que aprendí durante mi tiempo en General Electric partían de una premisa simple: si quieres mejorar un resultado,

Columna Invitada
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Álvaro Vértiz / Columna invitada / Opinión El Heraldo de México
Álvaro Vértiz / Columna invitada / Opinión El Heraldo de México(Especial)

Algo que trato de recordar todos los días en mi trabajo es que los problemas de fondo rara vez se resuelven trabajando más duro. Se resuelven trabajando mejor.

Las metodologías Six Sigma y Lean que aprendí durante mi tiempo en General Electric partían de una premisa simple: si quieres mejorar un resultado, primero tienes que eliminar lo que no agrega valor. El desperdicio, los pasos innecesarios, los cuellos de botella que nadie cuestiona son el enemigo real del progreso.

Lo recordé esta semana en el Museo Nacional de Antropología, al escuchar a la presidenta Sheinbaum presentar las acciones para fortalecer el Plan México.

Me pareció un ejercicio de diagnóstico honesto. La pregunta no fue “¿cómo crecemos más?”, sino algo más preciso y más útil: ¿qué le está impidiendo a un inversionista tomar la decisión de apostar por México? ¿Y qué puede hacer el gobierno para quitarse del camino?

Se firmaron decretos orientados a eliminar fricciones estructurales. El más relevante introduce la figura de autorización inmediata de inversiones en sectores estratégicos, que incluye mecanismos de positiva ficta (si la autoridad no responde en el plazo establecido, la autorización procede automáticamente). Esto no es un detalle técnico, es un cambio de paradigma. Por primera vez, el silencio burocrático no puede usarse como instrumento de bloqueo o negociación informal.

Para acompañarlo se crea la Oficina Presidencial de Inversiones, integrada por seis secretarías con reporte directo a la Presidencia. Su función es dar seguimiento a cada proyecto y evitar que la fragmentación entre dependencias detenga lo que ya fue aprobado..

En paralelo, se avanza hacia una ventanilla única de trámites que concentrará gestiones hoy dispersas entre más de 16 dependencias. El problema rara vez es la falta de voluntad de invertir, es la opacidad del proceso: no saber quién autoriza, en cuánto tiempo, con qué criterio y si ese criterio cambiará mañana.

Y aquí entra la digitalización como antídoto contra la corrupción. Cuando un trámite depende de una persona, hay discrecionalidad.

Uno de los anuncios que resonó fue el acuerdo en materia fiscal: garantía de no doble tributación, límite de revisiones a un ejercicio por contribuyente y prohibición de aplicar criterios fiscales de manera retroactiva.

México está en una ventana de oportunidad real: revisión del T-MEC en curso, reconfiguración de cadenas globales de suministro, presión sobre infraestructura y capital humano.

El gobierno escuchó al sector productivo y respondió con decretos. Eso hay que reconocerlo.

Anunciar el rediseño del proceso no es lo mismo que ejecutarlo. En cualquier transformación organizacional, la distancia entre el decreto y el resultado es donde se gana o se pierde la credibilidad.

La implementación real requiere interoperabilidad genuina de sistemas, capacitación de funcionarios, y un cambio cultural en la relación entre el Estado y el sector privado. Ese cambio cultural toma tiempo, liderazgo sostenido y métricas claras.

El Plan México apunta en la dirección correcta. El reto que viene es demostrar que esta vez el proceso mejorado no se queda en el papel o en los discursos.

ÁLVARO VÉRTIZ

Socio de DGA Group

@AlvaroVertiz

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