El próximo 6 de noviembre, Estados Unidos celebrará elecciones intermedias en las cuales se renovarán los 435 escaños que componen la Cámara de Representantes y 35 de las 100 curules que integran el Senado. Además, se elegirán a 36 de los 50 gobernadores y diversas legislaturas estatales.
Actualmente, los republicanos controlan ambas cámaras con 220 representantes y 53 senadores. Sin embargo, los demócratas tienen varias razones para ser optimistas: desde la década de 1990, el partido opositor al presidente tiende a ganar escaños en las elecciones de medio término. Adicionalmente, en noviembre de 2025, la llamada “ola azul” les permitió ganar la gubernatura de Virginia, retener Nueva Jersey y obtener victorias locales, incluida la alcaldía de Nueva York con Zohran Mamdami.
Del lado republicano, los números son menos alentadores. De acuerdo con el CNN Poll of Polls, la aprobación del presidente Trump cayó de 48% al inicio de su mandato a 35% en mayo de este año. Por otra parte, datos de YouGov/The Economist muestran que inflación, empleo y economía concentran la mayor desaprobación. La teoría del voto económico sugiere que la situación económica influye fuertemente en los electores, lo que podría traducirse en un voto de castigo contra el partido en el poder.
Ante ese riesgo, los republicanos han optado por modificar el mapa electoral. Cada década, después del censo, los estados redibujan distritos, lo que abre la puerta a la manipulación electoral conocida como gerrymandering. Esta práctica, que tiene sus orígenes en 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, modificó el mapa para beneficiar a su partido, consiste en fragmentar distritos opositores para diluir su voto o en agruparlos para reducir su representación.
En agosto de 2025, la mayoría republicana en Texas alteró distritos para ganar cinco escaños adicionales. En respuesta, California aprobó en referéndum una propuesta demócrata para obtener cinco más. La disputa, con clara ventaja para el partido del Presidente, que controla más estados, se ha extendido a otras entidades: los republicanos en Carolina del Norte, Florida, Missouri, Ohio y Tennessee; los demócratas en Utah.
La Corte Suprema de Estados Unidos, en el caso “Rucho vs. Common Cause” (2019), determinó que la manipulación de distritos no podía ser juzgada en cortes federales, dejando el tema a tribunales estatales. Hasta ahora, sólo en Virginia ese camino ha tenido éxito. Hace unos días, la Corte Suprema del estado invalidó el mapa demócrata que les habría dado hasta cuatro escaños adicionales.
Las elecciones intermedias, marcadas por una creciente polarización, las acusaciones mutuas de fraude y el uso estratégico de la redistribución de distritos, reflejan una erosión de la democracia estadounidense, donde la pluralidad política y la representación genuina de los votantes se ven cada vez más comprometidas.
POR HÉCTOR ERNESTO HERRERA CAPETILLO
RESPONSABLE DEL OBSERVATORIO DE ANÁLISIS GLOBAL ANÁHUAC DE LA FACULTAD DE ESTUDIOS GLOBALES DE LA UNIVERSIDAD ANÁHUAC MÉXICO. SÍGALO EN X @HEKTHOR.
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