Es mayo, el mes más importante de mi vida. El trece, la vida la trajo. El veinte, el cáncer decidió llevársela. No creo que sea casualidad que sus cuentos hayan vuelto a nacer en mayo

Mónica Salmón
Mónica Salmón
Mónica Salmón / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México
Mónica Salmón / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México(El Heraldo de México)

Mayo llegó junto con una maleta amarilla, tamaño cabina. Adentro: los diarios de mamá, cartas, fotos, mis diarios de niña y casetes con mi voz grabada a los cuatro años. La abrí junto con mi hermana Ruth. Ella, siempre más cuidadosa y respetuosa frente a los recuerdos, me preguntó casi en voz baja:

-¿Mo, crees que esté bien leer los diarios de mamá?

-Sí, -le dije-. Me hace demasiada falta. Necesito escucharla, la extraño tanto.

Fuimos a un restaurante francés. Pedimos una botella de vino y abrimos los diarios como dos niñas traviesas. Nos reímos, lloramos, nos sorprendimos, descubrimos pensamientos secretos y dolores que nunca confesó en voz alta. Por momentos sentí que mamá volvía a sentarse con nosotras a la mesa.

Yo sabía que escribía, pero nunca había leído sus textos con tanto cuidado. Tenía muchísimos cuentos guardados y creo que su intención era publicarlos, aunque terminó concentrándose en trabajar y sacar adelante a sus dos hijas. Era muy buena escritora. Pensarán que lo digo porque es mi mamá, pero no. Mamá estudió periodismo en la UNAM y, en uno de sus cuentos, encontré una nota de su profesor de literatura, el escritor Gustavo Sainz, felicitándola por sus letras.

Me conmovió descubrir ese talento olvidado entre hojas dobladas, esperando dentro de una maleta amarilla a que alguien volviera a abrirla.

Es mayo, el mes más importante de mi vida. El trece, la vida la trajo. El veinte, el cáncer decidió llevársela. No creo que sea casualidad que sus cuentos hayan vuelto a nacer en mayo.

Quiero pensar que tengo una misión: publicar sus cuentos. Tal vez por eso la maleta apareció ahora, como si mamá hubiera esperado el mes exacto para volver a hablarnos.

Querido lector: Si algo he aprendido sobre lo que consuela un corazón cuando mamá ya no está, es esto: sus notas, sus cuentos, sus escritos.

Escribe. Escribe donde puedas, donde sea, en papelitos doblados, en libretas, en márgenes.

Deja por escrito cuánto amas a tus hijos, cuánto amas la vida.

La palabra escrita no muere.

Feliz mayo,

MÓNICA SALMÓN

ESCRITORA Y PSICÓLOGA

IG: @MONICASALMON_

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