El viaje de don Fermín

La usanza era entonces que el alcalde de Torreón, Dr. Ángel Gutiérrez, firmaba una constancia de residencia del solicitante, así como una manifestación de intención, en este caso

Antonio Meza Estrada / Colaborador / Opinión El Heraldo de México
Antonio Meza Estrada / Colaborador / Opinión El Heraldo de México(Foto: Especial)

Era el 9 de marzo de 1925 y el Cónsul de los Estados Unidos en Torreón, le estampó un sello y validó la carta que dio acceso a la familia del señor Fermín Estrada Esquivel para ingresar por El Paso a ese país para dirigirse a Mexicali, en el distrito norte de la Baja California.

Habiendo llegado a El Paso, la familia tomó el tren del Southern Pacific, con un pago de 18.55 dólares por adulto (eran él, mi abuela Guadalupe y su hermana Carmelita, así como la hija de ambos de nombre también Guadalupe y de seis años de edad). Llegaron a Yuma, Arizona, y luego tomaron otro tren que los llevó a la estación Cuervos, dentro del valle de Mexicali.

La usanza era entonces que el alcalde de Torreón, Dr. Ángel Gutiérrez, firmaba una constancia de residencia del solicitante, así como una manifestación de intención, en este caso, ingresar a los Estados Unidos y dirigirse a Baja California. Por esa constancia pagaron un peso y diez centavos, según los timbres adheridos al documento.

Aunque no lo dice explícitamente el documento que establece y que está en mi poder, no había comunicación ni carretera ni ferroviaria entre las localidades de la península y las ciudades del norte de México.

Previamente, mi abuelo y su familia, quienes residían en Nazas, Durango, se movieron de esta a Torreón, donde estaba el consulado Era la segunda vez que la familia iba a Baja California —la primera fue en 1914—, ya que mi abuelo trabajaba como contador con el señor Coronel Cantú, quien fuera gobernador distrital de esa región.

De esa familia de la que yo desciendo, los Estrada Jauregui, duranguenses, lo que puedo decir es que fueron nómadas durante toda su vida. El último viaje lo hicieron de Mexicali a Nazas a mediados de los cincuenta para llegar a su tierra, junto al río, donde descansan para siempre.

POR ANTONIO MEZA ESTRADA

COLABORADOR

El autor fue Cónsul de México en El Paso y Detroit entre 2000 y 2006

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