Morena ante la prueba de su madurez política

Morena ha entendido que para conservar mayoría no basta con administrar popularidad

Saúl Monreal Ávila / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México
Saúl Monreal Ávila / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México(El Heraldo de México)

No, se equivocan quienes creen que este cambio de dirigencia, estrategia y estructura política, es una acción meramente electoral. La renovación de la dirigencia nacional de Morena no debe leerse como un simple relevo de nombres ni como un ajuste rutinario en la estructura partidaria. Lo que ha ocurrido es, en realidad, una redefinición del momento político del movimiento y la nación, y de las prioridades que habrán de ordenar su siguiente etapa. Morena ya no enfrenta el desafío de conquistar el poder; enfrenta, ahora, el desafío mayor de administrarlo, preservarlo y proyectarlo con eficacia histórica, porque los buenos resultados ya los siente la gente, eso nadie podría negarlo.

Ese es el fondo político del relevo en la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional: la llegada de la compañera Ariadna Montiel no es solo un cambio de conducción, sino una señal precisa sobre el tipo de partido que Morena necesita ser rumbo a 2027, un partido menos complaciente, más disciplinado; menos dependiente del arrastre político, más sostenido en estructura, organización y mando. El mensaje inicial de toma de protesta, al menos, eso deja ver y lo tomamos con optimismo. Es lo que siempre hemos pedido.

Durante la conducción de Luisa María Alcalde, Morena cumplió la función indispensable de preservar la cohesión del bloque gobernante en el momento más delicado de la transición política reciente. Su dirigencia administró el paso de la fundación, al ejercicio de continuidad institucional, sostuvo la interlocución entre partido y gobierno, le dio garra y fuerza con su sólida defensa de ideales, mantuvo estabilidad parlamentaria y acompañó la consolidación del nuevo ciclo de gobierno. Morena conservó centralidad, evitó fracturas mayores y sostuvo la condición de fuerza predominante del sistema político nacional.

Pero precisamente porque Morena dejó de ser oposición para convertirse en fuerza gobernante, los retos del partido dejaron de ser exclusivamente electorales, la etapa que concluye permitió estabilidad; la que comienza exige más orden y disciplina.

Morena necesita hoy resolver lo que toda fuerza dominante enfrenta cuando pasa del ascenso al ejercicio del poder, el riesgo de dispersión interna, la proliferación de intereses locales, la relajación de los controles políticos y eliminar prácticas que, lejos de fortalecer al movimiento, podrían erosionar su legitimidad. Uno de los principales desafíos de la nueva dirigencia no es solamente ganar elecciones, es evitar que el poder sin disciplina termine debilitando al propio proyecto.

Por eso el relevo en la dirigencia nacional tiene una lectura más profunda. La señal política es clara, Morena ha entendido que para conservar mayoría no basta con administrar popularidad; hay que legitimar el poder, observar al interior, y organizarnos, lo que implica reagrupar al movimiento, fortalecer su estructura territorial, depurar sus mecanismos internos y cerrar el paso a cualquier práctica que pretenda debilitarlo institucionalmente.

Hoy, la verdadera prueba de madurez del movimiento no estará en su capacidad para movilizar mayorías, sino en su capacidad para disciplinar el poder que ya conquistamos. Es y deberá ser la más importante encomienda para enfrentar a la oposición como la opción más viable, pero también hacia adentro, para movernos y transformarnos al unísono.

Ariadna Montiel recibe un partido dominante, pero también un partido más complejo, más amplio y más exigido por la militancia y por la sociedad. Su desafío no será únicamente conducir una maquinaria electoral eficaz, sino consolidar una estructura política que sostendrá las nuevas mayorías con cohesión, autoridad y orden, pues no solo vamos con un objetivo electoral al 2027, sino para consolidar la viabilidad histórica de Morena como fuerza de gobierno, como partido de Estado y como instrumento duradero de transformación nacional.

POR SAÚL MONREAL

EEZ

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