Hay momentos en que los datos te golpean como una revelación inesperada, y eso fue exactamente lo que me ocurrió al sumergirme en el estudio de Ipsos sobre "Las Personas y el Cambio Climático 2026". Después de revisar las cifras mexicanas como quien busca pistas en una escena del crimen, encontré algo que ningún titular ha capturado todavía: México se ha convertido en el país de las expectativas invertidas - exigimos a las empresas con la intensidad del tercer lugar mundial (72%), mientras que nuestra fe en el liderazgo climático nacional apenas alcanza un raquítico 21%, y lo más revelador, hemos dejado de creer que nosotros mismos debemos ser parte de la solución, con una caída del 8% en nuestra disposición personal a actuar desde 2021.
Permíteme desentrañar esta fascinante contradicción nacional. El 72% de los mexicanos afirma que, si las empresas no actúan ahora contra el cambio climático, estarán fallando a sus empleados y clientes. Esta cifra nos coloca solo detrás de Indonesia (79%) y Tailandia (72%), y muy por encima del promedio global del 57%. Somos, literalmente, uno de los países más exigentes del planeta cuando se trata de responsabilidad corporativa climática. Pero aquí viene el giro dramático: solo el 21% de nosotros cree que México es líder mundial en la lucha contra el cambio climático. Es decir, exigimos con vehemencia lo que nosotros mismos no creemos poder lograr.
Lo que el estudio de Ipsos revela es aún más preocupante cuando analizamos la evolución temporal. Entre 2021 y 2026, México experimentó una disminución del 8% en la proporción de personas que creen que, si no actuamos ahora, estaremos fallando a las generaciones futuras. Esta caída, aunque menor que la de países como Polonia (-29%) o Chile (-24%), representa un cambio fundamental en nuestra psicología colectiva: estamos transfiriendo la responsabilidad del individuo a las instituciones, pero sin creer realmente que estas instituciones, incluido nuestro propio gobierno, tengan la capacidad de responder.
Comparado con el resto de América Latina, México presenta una narrativa peculiar. Mientras que el 69% de los latinoamericanos (promedio regional) sigue creyendo que fallaremos a las generaciones futuras si no actuamos ahora, nosotros estamos por debajo de ese promedio. Brasil, con quien competimos constantemente por el liderazgo regional, apenas tuvo una caída del 7% en este indicador, mientras que Colombia y Perú muestran caídas más dramáticas del 24% y 16% respectivamente.
La percepción de liderazgo climático en México es devastadoramente baja, pero esto no es exclusivo nuestro. En toda América Latina, solo el 25% cree que su país es líder mundial en acción climática. Sin embargo, lo verdaderamente revelador es que mientras países como India mantienen un 62% de ciudadanos que creen en su liderazgo climático (a pesar de sus enormes desafíos ambientales), nosotros apenas alcanzamos ese 21%.
Esta brecha entre la realidad y la percepción es crucial. México es la economía número 15 del mundo, tiene compromisos internacionales ambiciosos en el Acuerdo de París, y cuenta con un potencial renovable extraordinario. Somos el sexto país con mayor potencial solar del planeta y tenemos más de 11,000 kilómetros de costa para energía eólica marina. Sin embargo, nuestra ciudadanía no ve este potencial traducido en liderazgo real.
El fenómeno más fascinante que revela el estudio es cómo los mexicanos hemos redefinido quién debe liderar la lucha climática. Mientras que globalmente el 57% cree que las empresas deben actuar, en México este porcentaje se dispara al 72%. Somos significativamente más exigentes con el sector privado que los europeos (52% en promedio), los estadounidenses (52%) o los canadienses (50%).
Esta transferencia de responsabilidad no es casualidad. Refleja una profunda desconfianza en las instituciones gubernamentales y, paradójicamente, una fe casi mística en que el sector privado puede resolver lo que el sector público no ha podido. Es como si hubiéramos decidido colectivamente que, ya que el gobierno no puede o no quiere liderar, y nosotros como individuos estamos cada vez menos dispuestos a sacrificarnos, entonces que sean las empresas quienes carguen con el peso de salvar el planeta.
El trilema energético mexicano no reconocido
Aunque el estudio global muestra que el 74% está preocupado por el aumento de los precios de la energía, en México esta preocupación se entrelaza con una realidad única: somos un país petrolero que subsidia los combustibles fósiles mientras predica la transición energética. El estudio revela que el 50% globalmente prefiere mantener los precios bajos, aunque aumenten las emisiones. En América Latina, este porcentaje es del 51%.
México enfrenta un trilema particular que el estudio apenas captura: dependemos fiscalmente del petróleo (los ingresos petroleros representan cerca del 15% de los ingresos del gobierno), subsidiamos la gasolina y la electricidad (lo que desincentiva la eficiencia energética), y al mismo tiempo tenemos compromisos internacionales de reducción de emisiones. Esta esquizofrenia energética se refleja en la confusión ciudadana sobre quién debe actuar y cómo.
Pero aquí viene mi lectura contraintuitiva de estos datos: este escepticismo generalizado, esta transferencia de responsabilidad, esta paradoja entre exigencia y acción no es necesariamente una mala noticia. Es el reconocimiento maduro de que el cambio climático no se resolverá con pequeñas acciones individuales sino con transformaciones sistémicas profundas.
Cuando el 72% de los mexicanos exige acción empresarial, no están siendo perezosos o hipócritas. Están reconociendo una verdad fundamental: las 100 empresas más grandes del mundo son responsables del 71% de las emisiones globales. El problema no es que Juan deje de usar popotes o que María compre un auto híbrido. El problema es sistémico y requiere soluciones sistémicas.
El hecho de que solo el 21% de mexicanos piense que el país es líder climático, comparado con el 27% global, no es pesimismo infundado. Es realismo. Nuestra matriz energética sigue siendo 75% fósil. Estamos construyendo una refinería nueva mientras el mundo se aleja del petróleo.
Lo que México necesita no son más campañas pidiendo a los ciudadanos que apaguen la luz o usen menos agua. Lo que necesitamos es honestidad radical sobre nuestra situación y acción sistémica coordinada. El estudio de Ipsos nos da las claves:
Primero, las empresas mexicanas deben entender que ese 72% que las ve como responsables no es una carga, es un mandato social. Tienen la licencia social para liderar donde el gobierno no lo hace. Empresas como Bimbo, CEMEX y América Móvil ya están tomando acciones significativas, pero necesitan comunicarlas mejor y más empresas necesitan sumarse.
Segundo, el gobierno debe cerrar la brecha entre retórica y acción. No podemos seguir subsidiando combustibles fósiles mientras hablamos de transición energética. No podemos seguir apostando al petróleo mientras el mundo se descarboniza. El estudio muestra que en países donde hay claridad en la política climática, la ciudadanía responde mejor.
Tercero, necesitamos reenmarcar completamente la conversación climática en México. No se trata de sacrificio individual sino de oportunidad colectiva. Con nuestro potencial solar y eólico, podríamos ser la potencia renovable de América Latina. Con nuestra biodiversidad, podríamos liderar en soluciones basadas en naturaleza. Con nuestra juventud (edad mediana de 29 años), tenemos la energía para la transformación.
El momento de la verdad climática mexicana
El estudio de Ipsos no es una crítica a México; es un espejo que nos muestra exactamente dónde estamos parados. Somos un país que exige mucho, pero cree poco en sí mismo. Que transfiere responsabilidades, pero no confía en quienes las reciben. Que tiene un potencial extraordinario, pero no lo ve reflejado en acción real.
La buena noticia es que el 54% de los mexicanos no cree que sea demasiado tarde para actuar. Eso significa que la mayoría aún tiene esperanza. La pregunta no es si México puede ser líder climático, claramente puede serlo. La pregunta es si tenemos el valor de admitir dónde estamos, la voluntad de cambiar el rumbo, y la determinación de convertir esa exigencia del 72% hacia las empresas en una alianza productiva entre ciudadanos, empresas y gobierno.
El cambio climático no espera a que resolvamos nuestras paradojas. Pero tal vez, solo tal vez, reconocer estas contradicciones sea el primer paso hacia resolverlas. México tiene todo para ser líder climático excepto una cosa: la convicción de que puede serlo. Y eso, a diferencia del clima, sí está completamente en nuestras manos cambiar.
POR FERNANDO ÁLVAREZ KURI
SENIOR GROUP DIRECTOR
IPSOS EN MÉXICO
¿YA NOS SIGUES?:
LINKEDIN: IPSOS IN LATIN AMERICA
IG: @IPSOSENMEXICO
TWITTER: @IPSOSENMEXICO
FACEBOOK: IPSOSENMEXICO
HTTPS://WWW.IPSOS.COM/ES-MX
PAL