Planeación energética bajo alta demanda, ¿anticiparse o reaccionar?

En esas condiciones, cualquier falla en una planta de generación o en una línea de transmisión puede amplificar sus efectos

Columna Invitada
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Israel García Palacios / Columna invitada / El Heraldo de México
Israel García Palacios / Columna invitada / El Heraldo de México(Especial)

El sistema eléctrico rara vez aparece en la conversación pública. Sólo se vuelve visible cuando falla. Sin embargo, detrás de cada ola de calor o cada pico de consumo hay una realidad que comienza a preocupar a operadores y autoridades: la demanda crece más rápido y de forma más intensa que hace una década.

En 2024, más de 40 países que concentran alrededor del 70% de la demanda eléctrica mundial registraron máximos históricos de consumo durante episodios de calor extremo. México formó parte de ese grupo. En varios momentos del año, el sistema operó cerca de su capacidad disponible.

El fenómeno se vuelve más evidente durante la temporada de altas temperaturas. Cuando millones de equipos de aire acondicionado se encienden al mismo tiempo, la demanda eléctrica puede dispararse en cuestión de horas. A ello se suma el consumo industrial, comercial y de servicios que sostiene la actividad económica diaria.

Los datos muestran una tendencia sostenida. En 2024 el consumo nacional de electricidad creció 2.7%, y distintas proyecciones anticipan aumentos cercanos al 3% anual hacia 2027. A primera vista parece un crecimiento moderado. El desafío aparece cuando ese incremento se concentra en picos muy cortos de tiempo, justo cuando el sistema tiene menos margen de maniobra.

En esas condiciones, cualquier falla en una planta de generación o en una línea de transmisión puede amplificar sus efectos. Un sistema que opera cerca de su límite es más sensible a interrupciones y requiere una coordinación operativa mucho más precisa.

A este desafío se suma un cambio estructural en la forma en que se genera electricidad. La transición energética avanza y cada vez más países integran fuentes renovables a su matriz eléctrica. La energía solar y eólica aportan beneficios ambientales y reducen costos en el largo plazo, pero también introducen una variable adicional: dependen de condiciones climáticas.

2024 fue un año que dio señales claras de esta nueva realidad. El informe conjunto de la Organización Meteorológica Mundial y la Agencia Internacional de Energías Renovables confirmó que fue el año más cálido jamás registrado, con una temperatura promedio global 1.55 °C por encima de los niveles preindustriales. Las alteraciones climáticas afectan la disponibilidad de agua para generación hidroeléctrica, modifican los patrones de viento y alteran el rendimiento solar en distintas regiones.

Esto significa que los picos de consumo pueden coincidir con momentos en los que parte de la generación renovable produce menos electricidad. En ese escenario, la estabilidad del sistema depende cada vez más de la capacidad para anticipar tensiones y reaccionar con rapidez.

Por esa razón, la planeación energética se vuelve una herramienta central. Analizar escenarios de demanda extrema, simular eventos climáticos y monitorear continuamente el comportamiento de la red permite detectar riesgos antes de que se traduzcan en apagones.

La digitalización de la infraestructura eléctrica también gana relevancia. Sensores inteligentes, automatización de redes y plataformas avanzadas de supervisión permiten identificar sobrecargas, aislar fallas con mayor rapidez y mantener la operación aun cuando el sistema trabaja bajo presión.

El factor climático refuerza esta necesidad. El informe Long-Term Reliability Assessment de NERC advierte que América del Norte enfrenta riesgos crecientes de suficiencia energética debido a olas de calor más intensas, tormentas severas y variaciones abruptas de temperatura. Estos fenómenos pueden afectar al mismo tiempo generación, transmisión y consumo.

Un periodo prolongado de alta demanda pone a prueba mucho más que la infraestructura. También revela la capacidad de coordinación entre autoridades, operadores, generadores y usuarios. Las decisiones de inversión, modernización tecnológica y planeación de largo plazo determinan qué tan preparado está un país para enfrentar esos momentos críticos.

La electricidad sostiene la actividad económica, la operación de las ciudades y la vida cotidiana de millones de personas. Por eso, cuando la demanda alcanza niveles récord, el verdadero desafío no es solo generar más energía. Es asegurar que esa energía pueda llegar, con confiabilidad y a tiempo, a los lugares donde se necesita. En un sistema eléctrico cada vez más complejo y con mayor participación de energías renovables, la transmisión se vuelve un elemento estratégico para garantizar la seguridad del suministro y la estabilidad de las redes.

Porque cuando la electricidad deja de ser invisible, normalmente significa que el sistema llegó demasiado lejos de su zona de seguridad.

POR ISRAEL GARCÍA PALACIOS
MARKET MANAGER DE LA UNIDAD DE NEGOCIOS DE AUTOMATIZACIÓN DE REDES EN HITACHI ENERGY MÉXICO

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