Gas para el desarrollo

No obstante, en el ámbito del almacenamiento -un eslabón crítico para la seguridad nacional ante posibles contingencias naturales o tensiones geopolíticas- la postura institucional fue más cauta

Manuel Rodríguez González / Colaborador / Opinión El Heraldo de México
Manuel Rodríguez González / Colaborador / Opinión El Heraldo de México(Especial)

Para dimensionar la trascendencia del gas natural desde una óptica económica y social, resulta imperativo remitirnos al “Plan Quinquenal de Expansión del Sistema de Transporte y Almacenamiento Nacional Integrado de Gas Natural 2020-2024” de la Secretaría de Energía. El diagnóstico de dicho documento es contundente: si bien múltiples factores inciden en la productividad de una región, las zonas más competitivas y prósperas son, invariablemente, aquellas que disponen de un suministro de combustibles a precios competitivos, como lo es el gas natural.

Bajo esta premisa, la reciente presentación del “Plan de Gasoductos para México 2030” por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum cobra una relevancia vital. Este ambicioso proyecto busca consolidar la soberanía energética mediante una inversión superior a los 140 mil millones de pesos. De este monto, más de 101 mil millones se canalizarán a proyectos de infraestructura estratégica, mientras que los 39 mil millones restantes se destinarán al mantenimiento y optimización de la red nacional de ductos.

Esta expansión no solo permitirá cubrir la demanda de las 13 nuevas plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), sino que garantizará el suministro de este insumo crítico para los Polos de Bienestar del Plan México, asegurando además el abastecimiento para el sector industrial y de servicios en todo el país.

Durante el anuncio, el titular del Centro Nacional de Control de Gas Natural (CENEGAS) destacó una realidad que ya es de dominio público: la profunda dependencia que México mantiene del gas natural seco importado de Estados Unidos para la generación eléctrica. Al respecto, subrayó que el 60% de la electricidad que consumimos se origina en este recurso, lo que convierte la materialización de esta inversión en una prioridad absoluta para el beneficio colectivo.

No obstante, en el ámbito del almacenamiento -un eslabón crítico para la seguridad nacional ante posibles contingencias naturales o tensiones geopolíticas- la postura institucional fue más cauta. El titular de CENEGAS se limitó a mencionar proyectos que aún se encuentran en fase de análisis, como el aprovechamiento de campos agotados en Tamaulipas (yacimiento Brasil), con una capacidad de 31 mil millones de pies cúbicos, y en el sur del país (yacimiento JAF), con 10 mil millones de pies cúbicos. También se valoran alternativas en cavernas salinas en Chihuahua y Veracruz.

La autoridad señaló que se evalúa la factibilidad financiera de estos proyectos bajo el argumento de que las crisis de suministro suelen presentarse cíclicamente cada cinco años. Desde mi perspectiva, diferimos de esa visión: en el contexto actual, las contingencias climáticas y geopolíticas son cada vez más recurrentes e imprevisibles. Ante el riesgo latente de paralizar al país por falta de combustible, lo que está en juego es la estabilidad de nuestra economía y la calidad de vida de los ciudadanos. Es simple: sin energía no hay civilización.

POR MANUEL RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

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