"Es un poco como la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El solitario es Mr. Hyde, el malo, y Dr. Jekyll es el que trata de hacer alguna cosa", así era como Julio Cortázar se veía así mismo en la dicotomía de su deseo de estar aislado de los otros, pero a la vez buscar estar cerca del prójimo.
La reflexión del escritor argentino se dio en una entrevista que le hizo el conductor Joaquín Soler Serrano en marzo de 1977 para A Fondo, un programa de Radio Televisión Española.
Esta dualidad, que el autor describe como un "desgarramiento", marcó su vida desde la juventud y persistió hasta su madurez, manifestándose como un enfrentamiento permanente con el cual tuvo que lidiar durante toda su vida.

La naturaleza solitaria de Julio Cortazar y el descubrimiento del prójimo
Cortázar confirmó la percepción de haber sido siempre un hombre solitario, especialmente durante su adolescencia y primera juventud. A pesar de un deseo inherente de tener amigos y de que los hombres se entendieran, el escritor se sentía muy hábil y preparada a su propia soledad. Explicó que esta inclinación al aislamiento no era una carga, sino una parte intrínseca de su ser.
"Yo soy por naturaleza solitario. Me siento bien solo. Puedo vivir solo, puedo vivir largos periodos solo".
Sin embargo, un cambio significativo ocurrió durante su estancia en Europa, donde descubrió al prójimo. Lo que antes reivindicaba como un derecho y casi un orgullo se transformó en un sentimiento de culpa.
Esta transformación lo llevó a intentar a conectar cuando consideraba que su contribución podía tener sentido. La complejidad de esta lucha interna la comparó con una famosa obra literaria de Robert Louis Stevenson.
Amistades selectas y el conflicto persistente
A pesar de su naturaleza retraída, Cortázar enfatizó la calidad de sus relaciones personales. Reconoció que sus amigos fueron pocos en todas las etapas de su vida, desde la escuela primaria hasta sus años como profesor, pero siempre fueron buenos.
"Desde niño yo preferí tener dos o tres compañeros con quienes me sentía en un nivel fraternal, con plena confianza para lo bueno y para lo malo".
Esta filosofía se mantuvo durante su adolescencia, donde tuvo a los que catalogó como muy pocos y maravillosos amigos, algunos de los cuales conservó durante décadas. A pesar de estos lazos profundos y de participar en contactos humanos que tildó como muy bellos, el conflicto persistía.
Cortázar relataba que, incluso en reuniones sociales donde se siente a gusto, había momentos en que su "Mr. Hyde" le susurraba la idea de regresar a la tranquilidad de su hogar.