La forma es fondo, dijo un viejo lobo del sistema político mexicano. Las apariencias sí engañan. El escenario, el humo, el disfraz, el séquito, las antesalas y el silencio previo a la aparición del personaje son parte del juego del poder.
Al final del día queda la fragilidad y la impostura. El binomio del viento y la veleta. Actuar conforme a los intereses de la secta, la disciplina del peón ante todo (lealtad es una palabra que no entra en esta categoría). Un día son veganos y al otro devoran un filete. Sólo hay que memorizar bien los parlamentos, esas tarjetas que se distribuyen desde una oficina central (tirar línea, le llamaban).
En una escena de la serie The Wire miramos al policía frente al juez (el honorable), impaciente, intentando sobrevivir a las intrigas del sistema que busca maquillar las cifras de los crímenes para engañar a la opinión pública. No encuentra consuelo, lo único que ve es la condescendencia y la frivolidad. No hay lecciones de política ni aparece Maquiavelo. Se retira acongojado cuando escucha los comentarios sexistas del magistrado sobre una de sus colegas.
Una vez construida la imagen del ave fénix -el hijo del zapatero que llegó a la cima, del vendedor de leche que se volvió estratega-, el siguiente paso es la administración del símbolo.
En la película Leones por corderos la periodista se sorprende al ver que el senador la recibe sin su jefe de prensa. ¿No estará su bulldog?, le pregunta. El político cree que puede ser más sencillo persuadir a su oponente si muestra cercanía, confianza. No es una escena habitual. Se blinda para evitar resquebrajamientos.
Leonardo Sciascia en su novela Todo modo nos muestra cómo desarmar auras:
“- Muy inteligente, sí; terrible, extraordinario…Pero mire: si lo tuviera en mis manos durante veinticuatro horas, y lo interrogara como hago yo, como yo sé hacer, el padre Gaetano vomitaría hasta el alma, si es que la tiene…Y no piense, ¡por favor!, en malos tratos, en torturas…
“Me limitaría a hacerle bajar el pedestal, a hacerle sentir que para mi está al mismo nivel que un ladronzuelo de gallinas, que el adicto al que pescan con sus tres gramos de heroína en el bolsillo…Cuando uno que se cree poderoso entra en una comisaría y oye que le mandan quitarse los cordones de los zapatos y el cinturón de los pantalones, se desmorona, querido amigo, se desmorona como no puede usted ni siquiera imaginar”.
Gabriel García Márquez en su cuento Buen viaje, señor presidente desnuda al todopoderoso. El exilio devora, es un flagelo. No hay más ritos ni alabanzas. Nadie te reconoce, nadie te pide una foto, ni que le adivines el futuro: “Le costaba creer que el tiempo hubiera podido hacer semejantes estragos no sólo en su vida sino también en el mundo”.
POR DANIEL FRANCISCO
PROFESOR DE LA FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES DE LA UNAM
@DFMARTINEZ74
EEZ