El infectólogo Alejandro Macías, exzar para la pandemia de H1N1 en México, abordó la naturaleza del hantavirus, conocido como el virus de los Andes, y la eficacia de las vacunas contra la influenza y el COVID-19, destacando la importancia de la preparación ante futuras amenazas sanitarias globales. El especialista enfatizó la necesidad de un enfoque equilibrado, sin exagerar ni minimizar los riesgos.
En entrevista con Óscar Mario Beteta, el doctor Macías explicó que los hantavirus son un grupo de virus presentes en ratones o ratas, donde aproximadamente el 10% de estos roedores los portan sin sufrir afectaciones. Los animales excretan el virus en sus heces, y si estas se aerosolizan, por ejemplo, al ser pisadas o raspadas, las personas pueden infectarse al respirarlas. Un caso particular en Argentina, donde se demostró la capacidad de transmisión de persona a persona por vía aérea, a través de gotitas de saliva al respirar o toser, especialmente en condiciones de encierro.
El infectólogo relató un incidente donde un paciente falleció a bordo de un barco, infectando a varias personas. Este evento se produjo porque este mal encontró un ambiente propicio para su propagación.
"El pasajero que murió infectó a varios porque el virus encontró una situación que no encuentra habitualmente en su estado salvaje, que es mucha gente respirando el mismo aire en encierro y produciendo lo que se llama un episodio de superdiseminación, que es lo que ocurrió dentro del barco".

Mortalidad por hantavirus, ¿qué se puede hacer ante esta enfermedad?
El doctor Macías subrayó que, aunque este virus no es demasiado contagioso, no está relacionado con un riesgo cero. La mortalidad de este mal, según los casos conocidos, se estima entre el 30 y el 40%. A diferencia de la influenza o el COVID-19, para el hantavirus no existe un medicamento antiviral específico ni una vacuna.
"Para este virus no tenemos ningún medicamento antiviral y no tenemos tampoco una vacuna que sí tenemos para los otros dos".
El doctor Macías enfatizó que si el virus en cuestión hubiera sido un coronavirus o un virus de influenza con alta transmisibilidad, el incidente del barco habría desencadenado una epidemia o incluso una pandemia. Por ello, la preparación es fundamental ante la inevitabilidad de futuras crisis sanitarias.
El infectólogo concluyó que la naturaleza experimenta constantemente, y aunque el hantavirus no parece ser el próximo agente de una pandemia global, el escenario de superdiseminación en el barco sirve como una lección crucial.
"Que eventualmente va a ocurrir así una epidemia y va a haber en el futuro más epidemias, más pandemias, y es lo que nos debe dejar una lección: tenemos que estar mejor preparados porque eso va a volver a ocurrir".

Las vacunas contra Covid-19 e influenza salvan vidas
Respecto a las vacunas contra la influenza y el COVID-19, el doctor Macías aclaró que su función principal no es evitar la infección por completo, sino prevenir la enfermedad grave, la hospitalización y el fallecimiento. Explicó que estos virus tienen la capacidad de infectar y reinfectar a lo largo de la vida, por lo que la vacunación reduce significativamente el riesgo de complicaciones severas.
"Hay otras vacunas, como son la vacuna de influenza y de COVID, que no necesariamente evita que te enfermes, Óscar Mario. Evita que te pongas grave, que te tengas que hospitalizar y que te vayas a morir".
Ante la preocupación por casos de niños que presentan alucinaciones tras contagiarse de influenza o COVID-19, incluso estando vacunados, el especialista indicó que estos síntomas suelen estar relacionados con la fiebre alta, más que con el virus o la vacuna en sí.
"Pero mira, muchas veces las alucinaciones o inclusive convulsiones no dependen del virus o de la vacuna, es lo más común. Dependen frecuentemente de una temperatura muy elevada".
Asimismo, el doctor Macías destacó la importancia de entender las decisiones en salud en términos de probabilidades. Comparó el riesgo de efectos secundarios de las vacunas, como la miocarditis por la vacuna de COVID-19 (5 casos por cada millón de dosis), con el riesgo de la misma afección causada por la enfermedad (150 casos por cada millón de enfermos de COVID-19), lo que representa treinta veces más. Insistió en que siempre se debe optar por el camino de la probabilidad más favorable para la salud individual.