La romantización del agotamiento

Vivimos rodeados de discursos que presentan el agotamiento como una especie de medalla moral, dormir poco, trabajar de más y vivir con ansiedad

Columna Invitada
Columna Invitada
Daniel Aceves Pérez / Heurística / Opinión El Heraldo
Daniel Aceves Pérez / Heurística / Opinión El Heraldo(El Heraldo de México)

El trabajo es toda aquella actividad física o intelectual que realiza una persona con la finalidad de satisfacer necesidades; sin embargo, en la actualidad se observa una tendencia en donde pareciera que se promueve una cultura en donde el cansancio es una señal de éxito y se ha convertido en una de las obsesiones más normalizadas de nuestra época.

Vivimos rodeados de discursos que presentan el agotamiento como una especie de medalla moral, dormir poco, trabajar de más y vivir con ansiedad parecen haberse transformado en requisitos para ser considerado alguien productivo.

Lo preocupante es que muchas personas ya no ven el desgaste como una consecuencia negativa, sino como una prueba de valor personal, incluso existe una competencia silenciosa por demostrar quién está más ocupado, quién duerme menos o quién sacrifica más aspectos de su vida por el trabajo o los estudios.

En la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo ( ENUT), realizada en 2024, se cuantificaron todas las formas de trabajo, así como el tiempo invertido en actividades personales, de estudio y convivencia social en la población de 12 años y más.

El análisis de la encuesta reveló que el 51 por ciento, del tiempo total de trabajo, se dedicó a actividades productivas, sin que medie un pago por ello, revelando que el 67 por ciento de este porcentaje corresponde a mujeres, y el 33 por ciento a hombres.

Así mismo, la población de 12 años y más dedicó 59 horas, en promedio, a la semana al total de actividades productivas, destacando que las mujeres dedicaron tres horas más que los hombres; de igual forma llama la atención que las entidades en donde se dedica más tiempo semanal al trabajo son Hidalgo, Querétaro y Durango.

Los resultados derivados del tiempo invertido en el trabajo evidencian la narrativa en redes sociales que glorifican jornadas interminables, rutinas imposibles y estilos de vida donde el descanso parece un desperdicio de tiempo.

La productividad dejó de ser una herramienta para alcanzar objetivos y se transformó en una identidad. Hoy muchas personas sienten culpa por detenerse, como si descansar significara perder valor frente a los demás. Detrás de esta romantización también existe un miedo profundo, en una sociedad en la que muchas personas viven convencidas de que deben aprovechar cada minuto para mejorar, producir o competir para destacar.

Lo más alarmante es que esta mentalidad termina afectando la manera en que las personas entienden su propia vida, se normaliza vivir cansado, irritado y emocionalmente vacío. La salud mental queda relegada a un segundo plano y el bienestar se vuelve un lujo, incluso las actividades recreativas terminan contaminadas por la presión de ser útiles o rentables.

Dediquemos un tiempo a descansar, no es una pausa improductiva, es una inversión necesaria para despejar la mente, pensar con claridad y ser más productivos para llegar a nuestros objetivos.

POR DANIEL ACEVES PÉREZ

COLABORADOR

acevesperezdaniel@gmail.com

MAAZ