La historia del dinero

Aunque el dinero se ha vuelto invisible, sigue funcionando con el mismo principio: que aquello que intercambiamos tiene valor

Columna Invitada
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Ivana Von Retteg Nolan / El tiempo de las letras / El Heraldo de México
Ivana Von Retteg Nolan / El tiempo de las letras / El Heraldo de México(Especial)

En un mundo de tarjetas de crédito, bitcoins y cash, es difícil imaginar que hace mucho tiempo las sociedades funcionaron mediante el trueque. Un campesino podía cambiar trigo por herramientas; un pescador, pescado por telas. Sin embargo, el sistema tenía un problema: ambas personas debían necesitar exactamente lo que la otra ofrecía. ¿Qué pasaba si el zapatero no necesitaba pescado, aunque el pescador sí necesitara zapatos?

Fue así como distintas civilizaciones comenzaron a utilizar objetos específicos como medio de intercambio: sal, conchas marinas, tabaco, té prensado. En Mesoamérica diversas culturas emplearon granos de cacao como forma de pago. La riqueza también estuvo ligada durante siglos al ganado. De ahí que la palabra “pecuniario” proviene del latín pecus, que significa ganado. Poseer animales equivalía a poseer estabilidad, alimento y poder.

Con el crecimiento del comercio vino la necesidad de un sistema más práctico y uniforme. Así aparecieron las primeras monedas metálicas. Los historiadores sitúan su origen en el reino de Lidia, en la actual Turquía, alrededor del siglo VII a. de C. Esas monedas, elaboradas con una mezcla natural de oro y plata llamada electro, marcaron un cambio profundo. El valor ya no dependía únicamente del objeto intercambiado, sino de la autoridad que garantizaba su autenticidad. Ese detalle transformó la historia económica del mundo. El dinero comenzó a funcionar con la confianza.

Los grandes imperios entendieron rápidamente el poder político de las monedas. En la Antigua Roma, por ejemplo, las monedas circulaban a través de enormes territorios y llevaban grabado el rostro de emperadores y símbolos imperiales. La palabra “moneda” proviene de Juno Moneta, una diosa romana cuyo templo estaba asociado a la acuñación del dinero. La siguiente gran revolución ocurrió en China. Durante las dinastías Tang y Song comenzaron a utilizarse recibos de papel. Con el tiempo, el Estado adoptó y reguló el sistema dando origen al papel moneda. Para muchos europeos medievales, la idea de que un simple trozo de papel pudiera representar riqueza parecía absurda. Hoy, en cambio, la mayor parte del dinero ni siquiera existe.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, las ciudades comerciales italianas perfeccionaron los mecanismos financieros. Surgieron bancos, préstamos y letras de cambio que permitían mover grandes fortunas sin transportar cofres llenos de monedas. Con el paso de los siglos, el dinero dejó de depender completamente del oro o la plata. El valor comenzó a sostenerse en acuerdos colectivos y en la confianza depositada en gobiernos, bancos e instituciones.

Actualmente, buena parte de nuestras transacciones ocurren sin contacto físico alguno. Pagamos con tarjetas, relojes inteligentes o transferencias instantáneas. El dinero se ha vuelto invisible. Y, sin embargo, continúa funcionando gracias al mismo principio; la creencia compartida de que aquello que intercambiamos tiene valor.

POR IVANA VON RETTEG NOLAN

COLABORADORA

@IVANAVONRETTEG

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