En México operan dos mundos paralelos: el de Chihuahua, donde combatir al narco se castiga como traición; y el de Sinaloa, donde protegerlo se defiende como lealtad a la 4T. Esa es la hipocresía descarada de Morena.
Mientras montan un circo de indignación contra la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, por supuestamente permitir la participación de agentes estadounidenses en un operativo contra un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, el mismo partido cierra filas en torno a Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa.
La presidenta Claudia Sheinbaum y Morena lo han defendido a capa y espada, invocando la soberanía nacional y calificando las acusaciones como un posible “ataque político” a la 4T. Sheinbaum exige “pruebas contundentes” antes de cualquier acción; asegura que “no cubriremos a nadie” pero al mismo tiempo le otorga protección oficial de la Guardia Nacional. Rocha, con un historial de señalamientos por abusos de autoridad -desde su paso autoritario como rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa hasta su gestión como gobernador marcada por violencia descontrolada y denuncias de corrupción-, pidió licencia temporal para “facilitar las investigaciones”, aunque niega todo.
Vamos con los hechos.
Los días 18 y 19 de abril de 2026, en Chihuahua se desmanteló un laboratorio de metanfetaminas. Lamentablemente murieron dos agentes de la Fiscalía Estatal y dos presuntos agentes extranjeros en un accidente. Morena, con senadores como Óscar Cantón Zetina y Ariadna Montiel al frente, exigió juicio político contra Maru Campos. La acusan de “traición a la Patria” y de violar la soberanía por no seguir “los cauces legales”. Ni siquiera reconocen que el objetivo era destruir droga que envenena a miles de jóvenes mexicanos.
Mientras en Chihuahua se actúa contra el narco y se le lincha por ello, en Sinaloa todo es distinto: el gobernador morenista es señalado por Washington de haber recibido apoyo del cártel para llegar al poder, permitir que “Los Chapitos” operen con total impunidad y colocar a sus allegados en puestos clave de seguridad.
Según la acusación formal del Departamento de Justicia de EE.UU. (29 de abril de 2026), Rocha Moya conspiró con la facción de “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa para importar masivamente fentanilo, heroína, cocaína y metanfetaminas a Estados Unidos. Se le acusa de asistir a reuniones con líderes del cártel, prometer protección a cambio de apoyo electoral (secuestro e intimidación de rivales), permitir que operen con impunidad y colocar funcionarios corruptos en puestos de seguridad y gobierno. Enfrenta cargos de conspiración para importar narcóticos, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, con penas mínimas de 40 años y hasta cadena perpetua. Gran parte de su gabinete y colaboradores cercanos también están inmersos en las mismas investigaciones. Y no hay que olvidar que Sinaloa fue uno de los estados más visitados por Andrés Manuel López Obrador durante su sexenio, con decenas de giras y eventos públicos.
Esto no es defensa de la soberanía. Es doble moral pura. En un mundo (Chihuahua) se lincha a quien desmantela laboratorios; en el otro (Sinaloa) se protege a quien presuntamente los toleró.
La ciudadanía sabe distinguir. La verdadera traición no es cooperar con Estados Unidos para destruir laboratorios que producen la droga que mata a nuestros hijos. La verdadera traición es permitir que un cártel domine un estado, elija gobernadores y que, ante una solicitud de extradición por presuntos vínculos con “Los Chapitos”, el partido gobernante se victimice en lugar de actuar.
Maru Campos no necesita defensores externos. Sus resultados la respaldan: laboratorios destruidos, decomisos importantes y un combate frontal. Morena, en cambio, necesita lincharla para distraer la atención de sus propias vergüenzas: un exgobernador con solicitud de extradición internacional por presuntos nexos con el narco y un historial de abusos de autoridad.
A la 4T le urge entender que la soberanía no se defiende protegiendo sospechosos ni bloqueando procesos de extradición, sino combatiendo al crimen sin importar colores ni costos políticos. Mientras no lo asimilen, seguirán aplicando la misma política de “abrazos a los delincuentes” mientras intentan desprestigiar y linchar a la oposición que sí actúa.
Los chihuahuenses y los mexicanos de bien lo sabemos: Maru Campos está del lado correcto, el de la ley, la seguridad y la verdad. El resto es puro teatro morenista para ocultar sus contradicciones.
¿Tú qué piensas?
POR ARMANDO TEJEDA CID
DIPUTADO FEDERAL POR ACCIÓN NACIONAL
PAL