Inteligencia Artificial con propósito: Las organizaciones humanas y un futuro laboral digno

En este sentido, el desafío no es la tecnología en sí, sino la dirección que debe dársele para que sirva a intereses colectivos

Columna Invitada
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Fernando Díaz Juárez / Justicia en Evolución / Opinión El Heraldo de México
Fernando Díaz Juárez / Justicia en Evolución / Opinión El Heraldo de México(El Heraldo de México)

La adopción de la IA en las organizaciones públicas y privadas contemporáneas no representa un mero cambio tecnológico. Paulatinamente apunta a un replanteamiento profundo de las operaciones que rigen el mundo del trabajo tal y como las conocemos.

Este escenario implica que la eficiencia laboral ya no puede ser medida solamente por el factor de velocidad de procesamiento de datos o por la capacidad de automatización de procesos, sino también por la forma en que cada institución se encuentra en posibilidad de armonizar el progreso tecnológico con la dignidad humana. En ello, las organizaciones actualmente se encuentran en un punto de inflexión en el que utilizar a la IA demanda un rediseño interno que va más allá de la infraestructura digital; implica una arquitectura ética que ubique los derechos de las personas en el centro de la estrategia.

El proceso para preparar este cambio no debería tener carácter reactivo, sino una gestión proactiva que establezca a la tecnología como medio y no fin en sí misma, asegurando también que la transición no deje atrás ni la seguridad jurídica ni el bienestar de las personas.

Para transitar exitosamente en esta transformación, es muy importante que las organizaciones establezcan marcos de gobernanza transparentes en los que la toma de decisiones -asistida ya en buena medida por algoritmos-, no se convierta en mecanismo que erosione la equidad. Shoshana Zuboff, catedrática emérita de la Universidad de Harvard y voz de referencia mundial en el impacto de la era digital, ha señalado con insistencia que la arquitectura de estas tecnologías debe ser compatible con la soberanía del individuo y los valores democráticos.

En este sentido, el desafío no es la tecnología en sí, sino la dirección que debe dársele para que sirva a intereses colectivos. En el ámbito laboral, lo anterior se traduce en la necesidad de que las empresas asuman responsabilidad pedagógica, capacitando a su personal no solo en el manejo de herramientas, sino en la comprensión de cómo afectan sus derechos, garantizando que la IA sea una fuerza que potencie la creatividad humana.

Adoptar a la IA de forma eficaz significa, por tanto, priorizar una transición justa: Las organizaciones deben estar preparadas para auditar sus sistemas e identificar sesgos que podrían perpetuar desigualdades de las que han sido objeto grupos históricamente vulnerados, asegurando que la automatización no trastoque el derecho a un trabajo digno y estable.

La transparencia y el diálogo constante entre dirección y trabajadores son los pilares de una adopción responsable. A futuro, para alcanzar una verdadera igualdad en el ecosistema digital, es imperativo que ocurran tres cuestiones: primero, la democratización del acceso al conocimiento técnico para prevenir brechas sociales; segundo, creación de marcos regulatorios que protejan la privacidad y la desconexión digital como derechos y; un compromiso por invertir los beneficios de la productividad automatizada en sistemas de protección social que garanticen que el progreso tecnológico se traduzca en una mejor calidad de vida para todos. Solo así, la IA dejará de ser promesa de eficiencia para convertirse en motor de una sociedad cada vez más equitativa y humana.

POR FERNANDO DÍAZ JUÁREZ

MAGISTRADO PRESIDENTE DEL ÓRGANO DE ADMINISTRACIÓN DEL PODER JUDICIAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@FERNANDODIAZJ

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