Petrona, cuando defender la vida es un derecho

Este cambio nace de una comprensión más amplia de la realidad. Hoy la violencia se reconoce como un proceso continuo, con historia y acumulación.

Columna Invitada
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Jorge Luis Llaven Abarca / La paz como derecho humano / Opinión El Heraldo de México
Jorge Luis Llaven Abarca / La paz como derecho humano / Opinión El Heraldo de México(Especial)

La justicia en México está dando un salto histórico en la defensa de los derechos de las mujeres. Petrona más que un caso, es un símbolo, es el momento en que la justicia empieza a convertirse en ley. Su historia transformó una experiencia de violencia en un criterio judicial, y ese criterio en una reforma concreta al Código Penal. Hoy la legítima defensa con perspectiva de género está reconocida y se establece un principio contundente: ninguna mujer debe ser castigada por defender su vida.

Este cambio nace de una comprensión más amplia de la realidad. Hoy la violencia se reconoce como un proceso continuo, con historia y acumulación. Defender la vida en ese contexto implica responder a un riesgo constante, donde la amenaza forma parte de una condición sostenida. A partir de ahí se construye un nuevo enfoque: los tribunales integran la violencia previa, la desigualdad y las condiciones culturales en que ocurre la defensa.

Lo que acontece forma parte de un proceso nacional. En distintas partes del país, casos como los de Alina en Baja California y Roxana en el Estado de México también avanzaron de los tribunales a la ley. Hay una tendencia en consolidación. La justicia mexicana incorpora de forma sistemática tres elementos clave: el contexto, que permite entender la violencia como un proceso; la violencia previa, que reconoce el riesgo acumulado; y las condiciones reales de defensa, que consideran las limitaciones materiales, sociales y culturales al momento de actuar. Así, la justicia amplía su alcance. Juzga lo ocurrido y entiende por qué ocurre.

El punto de partida fue específico. Petrona, mujer tzeltal de los Altos de Chiapas, enfrentó un proceso penal tras defender su vida en un entorno de violencia sostenida. Su caso permite hacer visible cómo opera la justicia en estos contextos y cómo puede evolucionar a favor de las mujeres. Cuando la defensa se analiza dentro de su contexto, la justicia amplía su capacidad de comprensión.

Petrona profundiza este cambio. Introduce una dimensión clave: la interculturalidad. La justicia reconoce que las condiciones de vida y de defensa son diversas y que el territorio importa.

Este proceso se alinea con una visión nacional más amplia. La agenda de justicia impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum coloca en el centro el acceso real a derechos, la perspectiva de género y la atención a las causas. En Chiapas, el gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar impulsa esta visión con reformas legales, coordinación institucional y aplicación efectiva en el territorio.

Aquí se fortalece la transformación. Cuando la visión nacional y el quehacer local avanzan en la misma dirección, la justicia se convierte en acción pública.

Este momento también refleja una evolución mayor. Los estándares de la Corte Interamericana y de Naciones Unidas se integran como base operativa del sistema, juzgar con perspectiva de género, reconocer la interseccionalidad y garantizar el acceso real a la justicia, forman parte de una nueva normalidad institucional.

Eso es lo que marca este punto de inflexión. Petrona deja de ser un caso, es referencia. Marca el siguiente paso de la justicia de género en México. Una justicia que reconoce la defensa de la vida como derecho y que avanza hacia una forma más completa de entender y proteger a las mujeres, como condición para construir la paz.

POR JORGE LUIS LLAVEN ABARCA

FISCAL GENERAL DEL ESTADO DE CHIAPAS COMENTARIO DEL EXPERTO EN SEGURIDAD Y PROCURACIÓN DE JUSTICIA

MAAZ